lunes, 5 de noviembre de 2012

LA VIDA EN LIBERTAD

Algunos niños tienen la suerte de tener parientes que están interesados en ellos, de manera que salen a la sociedad libre en forma periódica o esporádica. De esta forma empiezan a conocer paulatinamente la existencia de un mundo diferente al de la cárcel con lo que se allana, de alguna forma, su salida obligatoria al llegar a la edad dispuesta por la ley. Incluso cuando la pena de la madre finaliza antes de que lleguen a esa edad, siempre es beneficioso que el niño tenga idea de las formas de actuar en “ese otro mundo” para que pueda comodarse en forma más o menos satisfactoria a esa nueva vida. Más aún si ha nacido “entre rejas” necesitará de elementos que le permitan asociar el mundo del encierro con el de la libertad de una forma no disruptiva. Como no constituyen escenarios complementarios, en tanto las reglas de convivencia son diferentes as ícomo los modos de relacionamiento, se hace necesario un trabajo adicional que es trazar un puente en la identidad del niño que le permite salir de ese mundo para incorporarse en el otro sin atentar contra una identidad en formación. Este niño hipotético tiene, por desgracia, muchas probabilidades de que en su nuevo mundo la violencia sea el factor que una su vida previa con la actual. Dado que sus madres y familias pertenecen a un sector de la población con escasez de recursos materiales y simbólicos, que viven en la periferia de los núcleos sociales de producción de normas de convivencia, y de decisiones políticas e institucionales ,tienen escaso control sobre sus vidas. El quebrantamiento de las leyes está entonces en el universo de posibilidades de estas familias cualquiera sea la razón para cometer un delito: desde la elección de una vida delictiva hasta la necesidad de dar alimento a los hijos.

Por otro lado, están aquellos niños que no tienen parentela dispuesta a mostrarles ese otro escenario al que accederán en no mucho tiempo, de tal forma que no conocen otro ambiente que no sea el carcelario. Los niños que han nacido allí no pueden concebir, por razones obvias, un entorno diferente de forma que están sobre- adaptados a condiciones de vida por demás deficitarias. Si bien no hay estudios científicos longitudinales sobre la vida de estos chicos después de la cárcel (Ferraro y Moe 2003), se tiene alguna confirmación de que se van a vivir a barrios criminalizados o que han tenido otros parientes detenidos, de forma tal que desde su salida de la cárcel, con o sin su madre, están estigmatizados por una u otra razón. (Auyero 2000, Dodge y Pogrebien 2001, Easteal 2001, Richie 2001, Wacquant 2000).
Las consecuencias de esta victimización “secundaria” o no mediata, por no ser ellos mismos quienes hayan quebrado la ley sino parientes o bien porque sus barrios son especialmente conocidos por ser considerados como “refugio de delincuentes” y objeto de un mayor control policial y desaprobación social, serán un obstáculo que deberán sortear; a diferencia de otros niños, tienen que esforzarse más y tener la suerte de mayores oportunidades para adquirir
destrezas sociales que les permitan, por ejemplo, escolarizarse, mantener vínculos de respeto con los otros, impedir las adicciones, o evitar una ficticia (por el sufrimiento que acarrea) solución a sus problemas convirtiéndose en personas abusadoras, depresivas, o anti- sociales en sentido amplio. 
El Estado casi nunca toma alguna medida reparadora para con esta franja de niños que tienen una vulnerabilidad social específica adquirida durante su primera socialización y que, entonces, están en una desventaja que los singulariza. Al vivir en franjas de exclusión social, desde un posible nacimiento traumático en una cárcel hasta una infancia carente de posibilidades para un crecimiento y maduración física, emocional y cognitiva que les permitan afrontar los problemas de la vida con dignidad, la respuesta violenta será la que tendrá una fuerte presencia en la vida de estos niños.
Por esto es imprescindible la figura de ONGs dedicadas a mejorar la vida de éstos niños, o el caso de personas individuales, que a título personal estamos volcadas a mejorar ésta traumática situación:

3 comentarios:

  1. Me encanta el vídeo. Ojalá hubiera más personas que fueran tan desinteresadas y humanitarias.
    Excelente post.

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  2. Buenas tardes Noelia.
    Antes de todo felicitarte por el post, porque es muy interesante.
    Todos los niños/as deberían de tener las mismas oportunidades, no podemos culpabilizarlos por lo que ha hecho su familia.
    Por esa razón el propio estado, debería de organizar salidas de esos niños/as que al no tener familia no tienen la oportunidad de salir de la cárcel. Del mismo modo, los niños/as que tienen familia con delincuentes o que han sido detenidos deberían salir periódicamente a campamentos o a centros donde se puedan escolarizar con normalidad. Así evitamos que se estigmaticen desde tan temprana edad. Sólo el gobierno es el que podría hacer eso.

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    1. Si, el gobierno tendría que hacer tantas cosas y no las hace...por eso la importancia de que las personas conozcamos y no cerremos los ojos ante situaciones como estas. De esta manera podemos ayudar y poner nuestro granito de arena realizando voluntariados, haciendo donaciones, realizando actos de concienciación, etc. Cada uno de dentro de susposibilidades, pero siempre moviendose.

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